Es el fuego de las velas

Hay pocas cosas que a uno lo mueven por dentro. Son velas encendidas, mejor dicho, velas que cada uno se enciende a sí mismo indicando por donde hay que seguir, iluminando el camino puro. Dentro de mí hay pocas velas así, pero son esas las que señalan los derroteros a explorar, las cumbres a las que llegar. Y son exactamente esas luces las que dan miedo escénico; son donde fracasar da pánico y tirar la toalla es la pérdida de uno mismo.

Y qué sería de cualquier persona si alguna vez no perdiese la guía interna. El momento álgido en el que las pasiones afloran, esos por lo que podemos gritar toda una noche, aullar en el borde de un acantilado a la luz de la luna como si la oscuridad no fuese una opción. Es entonces cuando los pies se nos anclan al suelo y andamos por algodón, hundiéndonos en el subsuelo como dementes, preguntándonos todo y respondiendo nada, reconociendo cada esquina de un pensamiento deshilvanado, acuclillándonos para buscar el menor espacio que podamos ocupar como sintiendo cada latido en nosotros mismos. Yo ahí me doy cuenta de la agonía del  mundo, del desesperado reclamo de saber que nada tiene sentido. Pero es eso lo que hace que todo se vea bien. Nada importa, ni la peor de las caídas tiene significado. Somos significantes perdidos en alta mar, chocando unos con otros. Y veo las cosas tan despacio que parece que nunca han pasado y nunca pasarán. La belleza en cada instante, rota por el paso del tiempo. La juventud escurriéndose entre unas manos que intentan apretar algo que nunca van a tener. Y toda esa gente. Toda esa gente que piensa que no merece nada, que deciden que son una cosa o la otra, o feos, o pesados, o desagradables, o que necesitan escuchar que pueden ser algo más que una grieta en toda la superficialidad de la vida; porque las cosas son así, porque alguien ha decidido que eran eso o porque nadie ha reparado en sacarlos del error. Y no, nunca, nunca las cosas han sido de una manera y habrá un momento en que se den cuenta de que no eran feos ni pesados ni desagradables y que hay belleza en cada momento. Porque nunca ha de volver a repetirse un momento igual y se irá, y no recordar será un lastre, olvidar será la peor traición a uno mismo y no saber que el tiempo pasa, un suicidio incómodo. Serán todos esos defectos los que se echarán de menos y las virtudes desaparecerán, como los amores empiezan y acaban y los odios perduran toda la vida.

En el subsuelo, siendo un subterráneo, donde estoy ahora sé que soy un vagabundo, un vagabundo de cojones. De esos a los que les da igual un poco todo y solo quieren despertarse con el amanecer, empezando a entrar en calor, después de pasar una noche jodida. O ni siquiera despertar, porque nunca me habría acostado en toda la noche o, de hacerlo, sería cerrando los ojos con las estrellas entre pestañeos. Y sueño que cada pulso de cada estrella supone miles de vidas enteras enterradas y que en el siguiente pulso seré yo el que ya no esté. Por eso soy un vagabundo interior, un vagabundo del Dharma, remataría Kerouac. Arrastrando los pies del alma por el suelo, con una cerveza barata en una mano, viendo todo pasar. Viendo toda la mierda pasar, porque no hay nada más que eso. Tirado en una tumbona abriré la lata que esparcirá toda la espuma y echando un trago sonreiré, acabando con un ligero aaaah y entonces empezará de nuevo el juego. Y encenderé una nueva vela y sonará algo de rockandroll. Nunca antes saber que me voy a caer en el camino había empezado tan bien.

«Casi siempre lo mejor de la vida consiste en no hacer nada en absoluto, en pasar el tiempo reflexionando, rumiando todo ello. Quiero decir pongamos que alguien comprende que todo es un absurdo, entonces no puede ser tan absurdo porque uno es consciente de que es un absurdo y la consciencia de ello es lo que le otorga sentido. ¿Me entienden? Es un pesimismo optimista.» – Bukowski –

Feminismo, a la espera de la igualdad

Viva el feminismo

He de empezar fuerte. Como quien hace intuir que el contenido es manejable, dócil…que es retratable en unos párrafos. Para empezar a nadar en el lodo veamos lo que dice la Real Academia Española de la Lengua sobre lo que es feminismo, el marco al que nos atenemos si utilizamos la palabra en riguroso castellano:

1. m. Doctrina social favorable a la mujer, a quien concede capacidad y derechos reservados antes a los hombres.

2. m. Movimiento que exige para las mujeres iguales derechos que para los hombres.

Para Celia Amorós, filósofa y ensayista española, teórica del feminismo, es la lucha por la igualdad de las mujeres y varones en tanto que todos son genéricamente humanos y reivindican para las mujeres lo que se ha definido como genéricamente humano.

¿Qué busca el feminismo?

Debemos entender, pues, que lo que busca el feminismo es la paridad de derechos, de oportunidades, no sufrir, en definitiva, discriminación por causa del género. En mi opinión, el término que se ha utilizado para designar este hecho es sesgado, dado que tratar de igualar a todas las personas en cuanto a humanos iguales no debe ser algo limitado a un género que defiende para sí unos derechos que, indudablemente, le pertenecen. Quizás el punto de vista a utilizar debería ser el de la igualdad general, en el que también aparece un subgrupo que lucha por la igualdad de género; pero debería existir cualquier lucha por derechos fundamentalmente humanos para todo subgrupo que sufra cierta discriminación. Es, en líneas generales, una cuestión de educación en cuanto a la igualdad de cualquier persona frente a otra por el hecho de serlo. Es cuestión aparte tratar el tema de por qué nos distinguimos con tanta arrogancia sobre cualquier otro ser, pero queda el tema pendiente para otra ocasión.

Volviendo al hecho objetivo del feminismo, sin entrar en valoraciones sobre si es apropiado el término o no, ha de ser evaluado por el contenido, por lo que quiere transmitir.

Pero empecemos despacio. ¿Hay una causa fundada para que exista el feminismo, o son grupos de personas que quieren atacar el género masculino?

En la realidad de cada uno de nosotros podemos ver casos dignos de ser valorados. Voy a empezar por comentar uno que se hizo famoso por Twitter: invitar a un café a una chica en una biblioteca. Y no lo voy a describir yo; le paso el testigo a César Viteri (@Multimaniaco) que lo explica con ¿Qué tiene de malo invitar a una chica a un café?. Podemos ver que el problema aparece cuando un hombre intenta que su criterio se alce por encima del de la mujer, y de no hacerlo, ataca su concepción de la verdad o su personalidad tachándola como borde, seca, etc, solo por no mostrar interés. Algo que se puede ver muy a menudo.

Otro ejemplo claro es uno que presencié este mismo fin de semana cuando estaba tomando algo con unos amigos. Nos marchábamos ya para casa cuando en medio de la calle vemos que un chaval alcanza a la carrera a una chica. Pongamos que tienen más o menos 28 años los dos. El chico reprobaba la actitud de la mujer, que se había marchado de la discoteca sin avisarlo y aún por encima enfadada. El motivo, él estaba flirteando con otra chica. Alegó: “No estábamos haciendo nada”. Ella decía: “Me molesta que ligues con otras chicas”. Estos dos eran novios. Y aparece el meollo de la cuestión, el chico le grita “No tienes derecho a enfadarte porque no estaba pasando nada”. Al margen de si ella tenía o no razón, de si pasaba algo ente el chico y la mujer con la que estaba hablando en la discoteca, éste intenta imponerle su criterio, objetando que no tiene por qué enfadarse, ni siquiera tiene el derecho de hacerlo. Quiere que razone con él, sin enfadarse, porque él quiere, porque no debe estar enfadada. Un caso muy sutil que casi todos podemos ver a diario.

¿Debe existir el feminismo?

¿Hay una causa fundada para que exista el feminismo? Parece que sí, y solo he comentado dos casos que parecen superfluos, pero no por ello anecdóticos. Además, estos dos ejemplos suponen cómo de profunda es la desigualdad que puede llegar a sufrir una mujer.

Los casos más flagrantes son la falta de igualdad de oportunidades y la falta de igualdad en cuanto a obtener los mismos resultados por acciones iguales entre hombres y mujeres. Trabajo, estudios, visibilidad…

Aunque este tema debe ser tratado con cuidado, desde mi punto de vista. La igualdad debe estar en las oportunidades y en el trato. Para explicarme voy a utilizar un ejemplo. En un trabajo las oportunidades de obtenerlo deben ser iguales independientemente del género, y lo debe obtener el mejor preparado para el puesto o el que la empresa considere oportuno. Y la remuneración debe ser igual en cuanto a la producción, sin tener en cuenta el género. Y esto quizás sea bueno y malo. Porque para un puesto concreto, lo “normal” puede ser que una mujer sea más productiva que un hombre o viceversa. Y no por ello quiero decir que un individuo concreto sea tratado de forma desigual ante sus oportunidades por pertenecer a una clasificación estadística. Es en este comentario en el que puedo recibir más críticas, pero no quiero justificar la situación actual, porque en ella no hay igualdad, pero sí intento hacer ver como lo bello de las personas es que todas somos distintas y ahí está la gracia. Esto también hay que entenderlo en cuanto a que las mujeres deben luchar por derechos propios, como los periodos de maternidad, para los cuales hay estudios que dicen que un periodo más largo con el recién nacido mejorará su crecimiento emocional. Y es solo un ejemplo.

Debido a esto, creo que hay que tener una visión mucho más natural de lo que es la igualdad y no ser férreos en la idea de que si se quiere igualdad se deba ser dos gotas de agua. ¡Cuántas veces se ha escuchado lo de “¿no querías igualdad?”!. Por eso el feminismo es necesario.

Controversias del feminismo

Eso sí, no se puede confundir el feminismo con los casos extremos que aparecen y que se encaraman a él para florecer. Menospreciar varones, por el hecho de serlo, es un tipo de desigualdad en los que caen ciertos movimientos extremos. Pero de esto hay de parte a parte. Por este tipo de grupos, que suelen acaparar atención en medios, es por lo que se tiene la concepción peyorativa del feminismo. Quizás esa visión también esté siendo fomentada o protegida, pero eso es otro tema. Mismo así, ocurre que se puede oír de vez en cuando: “No me considero feminista pero sí defiendo la igualdad de la mujer”. Miedo a ser feminista, como le ocurre a Taylor Swift y muchas otras personas.

Existe también la controversia de que el feminismo solo busca la igualdad de la mujer y que no trabaja por la verdadera igualdad. Surge entonces el masculinismo, donde se concentran los pensamientos en favor de la liberación del hombre en cuanto a la concepción del género. Conceptos como “sé un hombre”, “es muy macho”, o denigrar a un hombre por mostrar sentimientos también tienen una carga sexista reseñable que debe ser extirpada poco a poco. Cada persona debe tener el derecho a ser como es y como quiere, la verdadera igualdad.

Como el feminismo, a veces, se aparta de esta visión, centrando la atención mediática el concepto de la igualdad de las mujeres y no la igualdad de hombres y mujeres independientemente del sexo, aparecen opiniones que menosprecian dichos movimientos. El antifeminismo que dice, para ser concisos, “no es para tanto”. Incluso parece ser que se realizan estudios donde se afirma que la violencia de género contra las mujeres “no es para tanto” y que los varones la sufren más. Pero creo que se comete un error de base y es que la percepción de una mujer ante agresiones, acoso o machismo puede estar sesgada por educación, porque al ser actos generalizados lo que se entiende por normal es algo que no debería serlo…

El antifeminismo puede resultar muy poderoso, pero no hay que amilanarse. Defended vuestra igualdad, la igualdad de todos.

Dejo un par de cosas relacionadas, por si las queréis revisar:

Cronología de la vida de Jack Kerouac

Usando la tecnología Timeline JS he realizado una adaptación de la vida de Jack Kerouac, detallando los momentos más destacados para poder obtener una visión global de toda su obra. En la cronología se puede ver la duración de los viajes, los momentos en los que escribía las obras, cuándo fueron publicadas, etc. Con esto podremos comprobar la relación de muchas de sus vivencias con lo que aparece descrito en sus libros.

En la cronología he incluido elementos multimedia para apoyar los acontecimientos que se indican. Espero poder ir ampliando el contenido, así como aportar más detalles y referencias que ofrezcan una visión más completa de este autor.

Maldito billete

La cosa va de que te encuentras un billete por la calle, y lo coges, aunque no es tuyo, al verlo te pertenece, o eso es lo que quieres. Y si lo quieres, es tuyo. Nadie va a decirte lo que puedes o no puedes hacer, al fin nada importa. Qué más da que yo coja ese billete o que lo coja otro. El puñetero billete ya está perdido. Pues bien, al final lo coges. Es decir, lo cogí. Y tuve un billete por un tiempo. Pero a lo que iba era a decir que nada importa, pues ¿con qué lo puedo comparar? Si no lo cogiese, ¿entonces qué pasaría? No tengo ni idea, y nunca lo podremos saber. Mierda, es todo demasiado lineal. El retorno de los cojones en realidad no vuelve, por lo que todo está permitido. Soy bueno, o eso creo, porque al fin y al cabo no obré de mala fe, sino sin saber todas las consecuencias de mi acto. ¿Y si al final que yo cogiese ese billete resulta que es bueno? Que igual al gastarlo genero la riqueza suficiente en otra persona para que puede generar más riqueza y eso se transformará en beneficio indirecto para el que ha perdido el billete. Quizás coger los billetes del suelo sin preguntar sea bueno. Qué más da, coño. Al fin y al cabo lo cogí y no lo pienso devolver. Que le den al maldito billete. Me lo gasté en una prostituta. Espero que por lo menos ella haga algo con ese billete que sea bueno, como pagar la coca que debía y así no recibir un tajazo por parte del tipejo que trafica a tan poca escala que anda vendiendo droga por los peores barrios de la ciudad. Creo que me conformo con pensar que he salvado una vida. Y si no es así que se jodan todos, el billete ya no era de nadie. No sé por qué aquella estúpida señora me echó su mirada de asco. Maldita señora, por su mirada es por lo que no paro de darle vueltas al puto billete. ¡Ya lo tengo! Tiraré uno mío para compensar. El universo estará en paz, un billete por otro billete. Pero coño, no voy a soltar por ahí 50 machacantes para que los encuentre cualquier gilipollas. Voy a tirar un billete más pequeño. Sí, más pequeño. Por ejemplo, de 20. Bueno, mejor de 10. Sí, 10 euros está bien. A nadie le va a dar para gastarse eso en una puta pero al menos podrán comprar flores. Es un gesto agradecido. Y con eso el mundo estará en paz conmigo y yo con el mundo. El puto billete de los cojones y la madre que lo hizo. ¿No podían ser todo monedas? Nadie podría perder cincuenta pavos en monedas. Muy mendrugo tendría que ser y, de perderlos, le estaría bien. En qué iría pensando para perder tal cantidad de monedas, el muy gilipollas. Y seguro que alguien seguiría el rastro para devolverlas. Jodido pulgarcito capitalista. Ojalá lo jodiesen.

Que la vida pase

Voy a soltar una palabra malsonante: ¡Joder, qué poco sé! Intento escribir o contar algo pero, de hacerlo, tiene que ser con las garantías de poseer el conocimiento suficiente sobre ello. Y no me sale.

La vida es demasiado grande y compleja como para tener una opinión formada sobre ella a ciertas alturas, alturas jóvenes. O es que para contar algo hay que sufrir previamente. Igual hay que estar borracho de beber un vaso lleno de lágrimas. Por aprender alguna lección, digo. Y ni así.

Gente aseverando cosas continuamente, cosas grandes. Y voy yo y sólo sé lo mínimo sobre detalles. Conozco de la vida lo irritable de una tos que te sorprende; y no digo la tos de uno mismo, sino de un tercero. El martilleo de un sonido seco que provoca el homicidio. Son esos momentos en los que se puede escuchar un “cof, cof” mientras el cuchillo entra de forma pausada entre unas costillas contraídas por estar tosiendo con fruición.

A veces, en cambio, el detalle es una única gota de sudor que recorre tu espalda de forma pausada, queriendo rasgar el tiempo que pasas golpeando el suelo con el zapato, y viceversa, mientras esperas en una tediosa cola.

Puede que solo sepa, y ni tan siquiera eso, hablar de detalles; porque lo grande es demasiado enorme para ser abarcado. Además asusta y atiza en la frente porque no lo puedo entender. Ante lo grande me siento un cervatillo intentando entender cómo se expande el universo y que, en ese momento, solo quiere comer brotes de hojas.

En definitiva, los detalles son los que hacen girar la ruleta de la vida. Imaginen ustedes el olor a goma Milan 430, droga juvenil por excelencia. Ningún olor podría parar un enfrentamiento excepto ese, un olor casi cromático. ¡Cuántas disputas se hubieran podido salvar de haber una goma Milan 430 en medio!

Otros detalles reconfortan, como entrar en un bar y poder pedir “lo de siempre”, así, sin más. Es el poder de las pocas palabras, de los detalles lingüísticos, el que tratas de ejercer cuando vas a tomar una y regresas palpando el mármol de las escaleras. Y todo por no querer ser grandilocuente. Lo grande acojona lo suyo.

Lo que quería decir es que no sé mucho de casi nada para poder hablar de ello. Y si a uno le da por obtener conocimiento se da cuenta rápidamente de que cada vez le falta más y más. Pero para contarlo suele bastar con dejar que la decadencia vaya tiñendo las cosas. Que alguien termine de toser; que una gota resbale por toda una espalda; que el universo deje de expandirse para empezar a contraerse; que una goma Milan 430 se empiece a redondear; que la copa se acabe; y que, en definitiva, la vida pase.